Tosco, Agustín José (Coronel Moldes, Córdoba, 22/5/1930; Buenos Aires, 5/11/1975). Dirigente obrero clasista, uno de los principales protagonistas del sindicalismo combativo de los años ’60 y ’70. Hijo mayor de Santiago Tosco y Dominga Arneodo, “Tino” —como lo apodan por entonces— forma parte de una familia de pequeños chacareros piamonteses instalados en el sur de la provincia, de muy humilde condición. Con su hermana Lucy, colaboran de pequeños en las tareas de la quinta. En 1944, ya finalizados sus estudios primarios, se traslada a la ciudad de Córdoba e ingresa como internado en la Escuela de Artes y Oficios “Presidente Roca”; mientras cursa sus estudios, en 1946, es elegido presidente del Centro de Alumnos de la escuela y al año siguiente es designado para hablar en el acto de entrega de diplomas de su promoción, ocasión que aprovecha para criticar el sistema educativo y negarse a recibir el diploma de manos del director, siendo ovacionado por sus compañeros. Desde su adolescencia es un ávido lector, y en esos años encuentra en los textos de José Ingenieros ► una primera referencia para sus crecientes inquietudes filosóficas, políticas y sociales; luego vendrán las obras de Marx y Lenin. Al cumplir 18 años logra ingresar como ayudante electricista en el taller electromecánico de la central Mendoza de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC)—, donde llegará a ser técnico especializado. Reside en una pensión del barrio Colón, y en 1949 inicia sus estudios terciarios, obteniendo luego de tres años el diploma de electrotécnico. Sus preocupaciones sociales y su vocación de intervención se manifiesta en una temprana militancia sindical: en 1950, con veinte años, es elegido delegado de su sector. Son tiempos en los que simpatiza con el peronismo, con “la línea de Cooke” dirá el propio Tosco cuando retrospectivamente se refiera a esa época de su vida. Desde sus primeras actividades sindicales mantiene una conducta que perfila sus concepciones posteriores: jamás dejó su lugar de trabajo en el taller, ni siquiera cuando llega a secretario general. En 1951 realiza el servicio militar obligatorio en el Regimiento 13 de Infantería Aerotransportada, egresando como oficial de reserva. La actividad gremial y las continuas lecturas resultan en un desplazamiento de las simpatías políticas del joven Tosco desde el peronismo hacia el mundo de las izquierdas. Para 1953 es elegido pro-secretario gremial del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, y al año siguiente miembro del secretariado nacional de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLYF), por lo que debe trasladarse a Buenos Aires. Pero con el golpe militar denominado “Revolución Libertadora” en 1955, las intervenciones a los gremios lo desplazan de los cargos directivos que ocupa; Tosco se suma entonces a las “comisiones de lucha”. En 1957 retoma los cargos sindicales que ocupaba antes del golpe. Ya en diciembre de 1956 gana las elecciones en su gremio, pero decide conservar su cargo en la FATLYF. En agosto de 1957, como miembro del secretariado de la Federación viaja a Misiones, donde colabora en la organización de una huelga que dura más de dos meses, lo que le reporta su primer arresto, estando detenido por una semana. También en 1957, participa en el “Congreso Normalizador” convocado por el interventor de la CGT, Patrón Laplacette; como miembro informante de la Comisión de Poderes, defiende el despacho de los delegados que impugnan la política de intervenciones a los gremios por parte del gobierno militar. El triunfo de esta postura obliga a las autoridades interventoras a maniobrar a fin de hacer fracasar el Congreso, el cual se divide en dos bloques: por un lado, los “32 democráticos”, y por otro, las “62 organizaciones”. Tosco es partícipe de la fundación de las “62” cuando estaban integradas por peronistas, comunistas e independientes. De su matrimonio con Nélida Bonyuan, su novia en los tiempos de Coronel Moldes, nace, en 1958, su primer hijo, Héctor Agustín; y en 1961 tienen una segunda hija, Malvina Noemí. En 1959 renuncia a su puesto en la FATLYF y regresa a Córdoba. Es elegido secretario general de Luz y Fuerza de Córdoba, cargo que ocupa hasta su muerte —salvo para el período 1966-68, cuando decide no postularse, aunque integra la comisión directiva como vocal. Con el ascenso del “Gringo”, como lo apodan, a la conducción, el gremio lucifuercista cordobés se transforma paulatinamente en la punta de lanza de una tendencia democrática y autonómica en el movimiento obrero, caracterizada por el pluralismo político e ideológico, por la toma de decisiones por las bases, por las prácticas antiburocráticas —todos los cargos sindicales son honorarios—, y por impulsar un marco de alianzas inclusivo de otros sectores, como el movimiento estudiantil. Desde fines de los ’50 toma parte activa en la organización y dirección de los Gremios Independientes de Córdoba, una de las principales tendencias en el movimiento obrero cordobés. Paralelamente se hacen más frecuentes sus intercambios con dirigentes políticos y sindicales del PC, entre los que está Jorge Canelles. El Gringo está interesado en aprovisionarse de bibliografía marxista y en discutir sus lecturas, y encuentra en las reuniones y actividades promovidas por los comunistas cordobeses un espacio privilegiado; y aunque nunca se integró a las filas de dicho partido —como a las de ningún otro—tiene en el PC un interlocutor que no abandonará a pesar de que con los años se ensanchan las diferencias que lo separan del comunismo vernáculo. Encabeza en Córdoba las movilizaciones contra el Plan Conintes, contra el “plan de austeridad” del ministro Alsogaray, contra la represión, mientras aumentan sus críticas al verticalismo del sindicalismo vandorista. En 1966, el sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, bajo la inspiración de Tosco, sale a romper lanzas con el participacionismo y colaboracionismo que los sindicalistas de la CGT promueven con la dictadura recién instalada. En una solicitada de su gremio titulada “Signos Negativos” —redactada por Tosco —, se trazan las primeras líneas para gestar una oposición al onganiato desde el movimiento obrero, denunciando el carácter pro-imperialista y antiobrero de las medidas económicas, y condenando a las direcciones obreras que plantean la colaboración. La muerte de Santiago Pampillón por parte de las fuerzas represivas acentúa las tensiones sociales; Tosco viaja a Mendoza para asistir al sepelio de Pampillón, encabezando una delegación del movimiento obrero cordobés. El 2/2/1968 se realiza en Córdoba un paro activo; Tosco es arrestado junto a varios activistas sindicales. Entre el 28 y el 30/3/1968, participa en el Congreso Normalizador “Amado Olmos”, donde el triunfo de los sectores combativos ocasiona el alejamiento de los gremios controlados por el vandorismo y la división de la CGT en “CGT de los Argentinos” y “CGT Azopardo”. Desde su gremio impulsa la adhesión a la CGT-A, lo que se traduce en una intensa campaña de actos, conferencias, asambleas gremiales, que culmina en un acto en el Córdoba Sport Club el 1º/5/1968, cuando Tosco y Ongaro se dirigen a los 5.000 trabajadores reunidos. Tosco ya es la principal figura del sindicalismo de izquierdas, y Luz y Fuerza de Córdoba se convierte en núcleo formativo de nuevos activistas y motor político-social de las movilizaciones en la provincia en los años siguientes. En 1969 se separa de su mujer e inicia una relación sentimental con Susana Funes, delegada y miembro de la comisión de Prensa del sindicato; en los años siguientes y hasta la muerte del Gringo, ambos logran sostener la relación a pesar de las prolongadas detenciones y persecuciones, como también de la hostilidad de muchos de sus compañeros de militancia. Son numerosas las actividades y huelgas contra la represión que preceden, en Córdoba, al acto del 1º/5/1969, oportunidad en la que Tosco pronuncia un encendido discurso ante una concurrencia de obreros y estudiantes. Pocos días después, el 20 de mayo es arrestado en el barrio Clínicas; pero es puesto en libertad al día siguiente. En los días siguientes acuerda un mismo plan para el paro y movilización previstos para el 29/5 entre los 21 Gremios Independientes —con Luz y Fuerza a la cabeza—, y el peronismo legalista —representado principalmente por el SMATA de Elpidio Torres y la UTA de Atilio López. El 29/5/1969, el Gringo encabeza la columna que parte de las oficinas de EPEC y se dirige hacia el centro de la ciudad. En pocas horas, la movilización se transforma en una de las más importantes manifestaciones populares. El Cordobazo sorprendió a los propios convocantes, pero por detrás de esa rebelión que inicia el fin de la dictadura, Tosco reconoce —en su “Testimonio del Cordobazo”— una larga y paciente actividad en el movimiento obrero, en defensa de su autonomía frente a la agresiva política del onganiato y de las patronales, la cual se manifiesta, desde 1968, en una masiva movilización a la que denomina “la rebelión de las bases”. El 30/5 es detenido y trasladado a la cárcel de Santa Rosa, La Pampa, junto a otros dirigentes lucifuercistas, como Felipe Alberti, Tomás Di Toffino, Simón Grigaitis y Osvaldo Ortiz. Condenado por un tribunal militar a una pena de 8 años y 3 meses de prisión, el 5/7/1969 es enviado a la cárcel de Rawson. Sin embargo, el 9/12/1969 es puesto en libertad por el gobierno —adelantándose a la inminente decisión de la Corte de declarar nula la intervención de los tribunales militares—, luego de 7 meses de encierro. Durante ese año, desde el Penal de Rawson, escribe una serie de artículos que periódicamente aparecen en el periódico del sindicato, Electrum, con el título de “Reflexiones Breves” y con la firma de “Un Compañero”; en esas notas analiza una variedad de temas, desde el gatopardismo del régimen a la burocracia sindical, pasando por el incipiente corporativismo de Onganía, el conflicto con la FATLYF o el nuevo rumbo de la Iglesia latinoamericana manifestado en Medellín en 1968. El 4/2/1970 el local del gremio lucifuercista cordobés es atacado a balazos y al día siguiente es intervenido. Con Tosco a la cabeza, se forma la Dirección Sindical en la Resistencia, que aún en condiciones de mucha precariedad sigue editando el Electrum. El 3 y 4 de octubre de ese año, participa en la constitución del Movimiento Nacional Intersindical, nucleamiento integrado por 67 sindicatos y 122 agrupaciones gremiales que Tosco concibe como “principal factor de una política de unidad y lucha ...[de]... todas las fuerzas sindicales de oposición al régimen y al participacionismo”, con el propósito de fortalecer “la conciencia combativa del movimiento obrero”. Como responsable de la naciente organización asiste, en noviembre, a la asunción de Salvador Allende como presidente de Chile. A pesar de las diferencias con los llamados “gremios clasistas” de SITRAC y SITRAM, Tosco y Luz y Fuerza de Córdoba son los primeros en movilizarse en su apoyo cuando la empresa despide a sus dirigentes a principios de 1971. En marzo de ese año integra el Comando de Lucha de la CGT Córdoba, y el 15/3/1971, durante el paro decretado por ese organismo que deriva en la jornada conocida como Viborazo, Tosco dirige la toma de la usina de Luz y Fuerza en Villa Revol. Pocos días después, el 14/4/1971, es elegido para ocupar la secretaría adjunta de la CGT cordobesa, con Atilio López como secretario general, pero el 28/4 es arrestado nuevamente, puesto a disposición del PEN y conducido a la cárcel de Villa Devoto, donde es alojado en la celda contigua a la de Raimundo Ongaro. Durante su reclusión escribe varios artículos y comunicados en los que critica duramente a la dirección cegetista, y en setiembre de 1971 inicia una de las tantas huelgas de hambre que acomete durante esta larga detención. El 17/9/1971, la lista Azul y Blanca que lo lleva como candidato, gana las elecciones, y Tosco es nuevamente electo secretario general a pesar de estar en prisión. El 9/4/1972, con el propósito de aislarlo, es trasladado al penal de Rawson, a lo que el movimiento obrero cordobés responde el 13/4 en el Plenario de Gremios Confederados de Córdoba reeligiéndolo como Secretario Adjunto de la CGT Regional. Se conforma en Buenos Aires la “Comisión Nacional por la libertad de Agustín Tosco”. Los jefes guerrilleros detenidos en el mismo penal le ofrecen sumarse al plan de fuga previsto para el 15/8/1972, pero declina la invitación por considerar que su libertad debe ser consecuencia de las luchas de la clase obrera. El 23/9/1972 es liberado, y al llegar a Córdoba pronuncia un enérgico discurso ante una multitudinaria concurrencia, en el que denuncia los atroces fusilamientos de militantes conocidos como la “Masacre de Trelew”. Desde fines de 1972, Tosco fortalece su alianza con la conducción de izquierdas del SMATA Córdoba, cuyo máximo referente es René Salamanca. Diversos partidos políticos le proponen encabezar un frente de izquierdas con vistas a las elecciones de marzo de 1973, pero Tosco declina todos los ofrecimientos. No se pronuncia en relación a las candidaturas nacionales, pero apoya públicamente la fórmula cordobesa del FREJULI para gobernador y vice, que postula a Ricardo Obregón Cano y Atilio López, respectivamente. En enero de 1973 es detenido junto a otros activistas durante un paro que realiza su sindicato, pero lo liberan antes de la medianoche. El 13/2/1973 tiene lugar su célebre polémica con el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, en el programa “Las dos campanas” que se emite por Canal 11; allí se presenta públicamente como marxista, expone sus ideas sobre el sindicalismo de liberación y el socialismo, y ataca duramente a la burocracia sindical. El 29/5/1973 es el orador de cierre del acto por el IV aniversario del Cordobazo, al que asiste el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós. A partir de junio de 1973, el movimiento obrero cordobés sufre continuos ataques de las bandas ultraderechistas, y Tosco figura en las listas negras del grupo parapolicial Triple A. En agosto de 1973 rechaza un nuevo ofrecimiento para encabezar una fórmula presidencial que unifique electoralmente a las izquierdas. Desde fines de 1973, y hasta marzo de 1974, tiene una columna en el diario El Mundo, que utiliza para criticar el Pacto Social, la nueva ley de Asociaciones Profesionales y la legislación represiva contenida en las reformas al Código Penal. Luego del “Navarrazo” en febrero de 1974, la represión sobre obreros y estudiantes se hace más amplia y profunda. Tosco, durante todo el año 1974 busca unificar nacionalmente a todas las fuerzas sindicales opositoras como estrategia de resistencia frente a los embates de las bandas parapoliciales, la burocracia sindical y el Estado. Viaja a con Armando Jaime y René Salamanca, en abril, a Villa Constitución; en agosto, apoya la lucha de los mecánicos cordobeses, y en setiembre se traslada a Tucumán para colaborar con la FOTIA. El 9/10/1974 el sindicato de Luz y Fuerza es asaltado por fuerzas policiales, e intervenido a los pocos días. Se dicta una orden de captura sobre Tosco, por lo que decide pasar a la clandestinidad, una condición en la que estará hasta su muerte. Desde enero a agosto de 1975, la dirección de Luz y Fuerza en la Resistencia logra editar clandestinamente Electrum: son cuatro páginas casi enteramente escritas por Tosco. En setiembre de 1975, las autoridades interventoras de Luz y Fuerza de Córdoba, convencidas de que Tosco y los demás dirigentes del gremio ya no tienen predicamento entre los trabajadores, convocan a una asamblea para legalizar la intervención. Sin embargo, el 10/9/1975 la asamblea reafirma a la Dirección en la Resistencia por 370 votos a 71: el Gringo gana su última batalla en el movimiento obrero, aún desde la clandestinidad. A mediados de setiembre viaja a Buenos Aires para reunirse con varios dirigentes políticos, como Oscar Alende, Raúl Alfonsín, dirigentes del PC, con el propósito de exigir la libertad de sus compañeros detenidos y de conformar un frente político antigolpista. Ese mes, con prólogo de su amigo y abogado Hipólito Solari Yrigoyen, se publica su único libro, La lucha debe continuar, en el que se reúnen artículos y cartas escritos en sus dos primeros períodos carcelarios. Poco se sabe de su vida en la clandestinidad; se cree que estuvo oculto principalmente en las sierras cordobesas. Lo cierto es estas condiciones hacen que su salud, deteriorada por la cárcel y las huelgas de hambre, en poco tiempo se agrave; desde agosto de 1975 se queja de fuertes dolores de cabeza. Se niega a exiliarse, en el convencimiento de que puede ayudar a sus compañeros sólo si está en el país, lo cual agrava su salud; finalmente es trasladado para ser atendido por médicos del PC en el Gran Buenos Aires. El 5/11/1975, Tosco fallece en la clandestinidad, presumiblemente de una infección generalizada. Su sepelio en el cementerio de San Jerónimo, en Córdoba, el 7/11/1975, se transforma en una multitudinaria movilización: unas 20.000 personas atraviesan la ciudad acompañando sus restos en un gran homenaje popular. Pero aún muerto, la figura de Tosco conserva una enorme fuerza simbólica; las fuerzas de seguridad dispersan violentamente a los oradores y a la multitud reunida en torno a su tumba, lo que forzó a sus amigos y compañeros a terminar el sepelio el día siguiente. Su sepelio en el cementerio de San Jerónimo, en Córdoba, el 7/11/1975, se transforma en una multitudinaria movilización: un cortejo fúnebre de unas 20.000 personas, mayoritariamente obreros y estudiantes, atraviesa la ciudad acompañando sus restos en un gran homenaje popular. Pero aún muerto, la figura de Tosco conserva una fuerza simbólica que se transforma en el objetivo de las fuerzas de seguridad, las cuales dispersan a balazos a los oradores y a la multitud reunida en torno a su tumba, lo que forzó a sus amigos y compañeros a terminar el sepelio el día siguiente. Durante toda su trayectoria como dirigente sindical, Tosco intenta afianzar una línea combativa y revolucionaria en el movimiento obrero por medio de prácticas democráticas que permitieran conjugar la diversidad de tendencias con la unidad de acción, y que por lo tanto significaran un abandono del sectarismo. Ese es el punto de partida, pues la idea de la “unidad en la lucha” se articula con la propuesta de un “sindicalismo de liberación”, esto es, un sindicalismo que traspase el rol meramente reivindicativo y se proyecte políticamente hacia objetivos socialistas. Consecuente con estas ideas, participa de distintas instancias, como el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), el Frente Antiimperialistas por el Socialismo (FAS), el Movimiento Sindical Combativo (MSC), y promueve alianzas con el peronismo combativo, con los estudiantes y con los sacerdotes tercermundistas. Pero su política de alianzas hacia otros sectores sociales no desplaza nunca la centralidad que le otorga a la clase obrera. Su gran sensibilidad como dirigente obrero democrático y su formación socialista lo llevan a buscar un camino revolucionario para una clase obrera que se identifica con el peronismo. Su confianza en la clase obrera, su creencia en el progreso de la historia y un marxismo que muchas veces peca de reduccionista, provocan un sesgo mistificante en la consigna “unidad de los que luchan”, obturando las críticas a concepciones profundamente arraigadas en la identidad y en las mismas prácticas “de los que luchan”. Problemas que escapan al horizonte de visibilidad del Gringo Tosco, y que en nada disminuyen su estatura como dirigente obrero clasista y revolucionario.
Obra: “Testimonio del Cordobazo”, en Enfoque. Revista mensual de noticias, Córdoba, junio 1970; La lucha debe continuar, BA, Libros del Tercer Mundo, 1975; J. Lannot, A. Amantea y E. Sguiglia (comp.), Tosco. Escritos y discursos, BA, Contrapunto, 3ª ed., 1988; numerosos artículos en Electrum y El Mundo, y varios reportajes en revistas de izquierda y periodísticas.
Fuentes: J. Lannot, Tosco. Conducta de un dirigente obrero, BA, CEAL, 1984; Susana Funes, “Agustín Tosco. Dirigente sindical revolucionario”, BA, Experiencia, Colección “Hechos y Protagonistas de las luchas obreras argentinas”, 1984; Carlos Aznárez, “Dossier: Tosco”, en Fin de Siglo, nº 5, nov. 1987; María Echave, Isabel Ortúzar y Silvia Ortúzar, El Gringo que venía de allá. Testimonios sobre la vida de Agustín Tosco, Córdoba, CECOPAL, 1991; Doralice Lusardi, “Agustín Tosco, el sindicalista incorruptible”, en Todo es Historia, nº 359, junio1997; D. Lusardi, Agustín Tosco, vida y circunstancia, Córdoba, Junta Provincial de Historia, 1994; Tosco, grito de piedra, investigación del Video homónino, Córdoba, La Fragua, 1999; J. C. Sorbellini, Agustín Tosco, reseña, BA, El Folleto, 2002; Silvia Licht, Agustín Tosco y Susana Funes, historia de una pasión militante. Acciones y resistencias del movimiento obrero (1955-1975), Buenos Aires, Biblos, 2004.
Obra: “Testimonio del Cordobazo”, en Enfoque. Revista mensual de noticias, Córdoba, junio 1970; La lucha debe continuar, BA, Libros del Tercer Mundo, 1975; J. Lannot, A. Amantea y E. Sguiglia (comp.), Tosco. Escritos y discursos, BA, Contrapunto, 3ª ed., 1988; numerosos artículos en Electrum y El Mundo, y varios reportajes en revistas de izquierda y periodísticas.
Fuentes: J. Lannot, Tosco. Conducta de un dirigente obrero, BA, CEAL, 1984; Susana Funes, “Agustín Tosco. Dirigente sindical revolucionario”, BA, Experiencia, Colección “Hechos y Protagonistas de las luchas obreras argentinas”, 1984; Carlos Aznárez, “Dossier: Tosco”, en Fin de Siglo, nº 5, nov. 1987; María Echave, Isabel Ortúzar y Silvia Ortúzar, El Gringo que venía de allá. Testimonios sobre la vida de Agustín Tosco, Córdoba, CECOPAL, 1991; Doralice Lusardi, “Agustín Tosco, el sindicalista incorruptible”, en Todo es Historia, nº 359, junio1997; D. Lusardi, Agustín Tosco, vida y circunstancia, Córdoba, Junta Provincial de Historia, 1994; Tosco, grito de piedra, investigación del Video homónino, Córdoba, La Fragua, 1999; J. C. Sorbellini, Agustín Tosco, reseña, BA, El Folleto, 2002; Silvia Licht, Agustín Tosco y Susana Funes, historia de una pasión militante. Acciones y resistencias del movimiento obrero (1955-1975), Buenos Aires, Biblos, 2004.

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